30 marzo 2008

¿Aras o cabalgas?


Las meditaciones de Meritxell



La roca donde sentarse, con las cuevas detrás y el valle abajo, extendiéndose hasta perderse de vista en las lejanas montañas, el sonido del viento contra la roca, se escucha el piar de algunos pájaros que buscan refugio en las oquedades, la tarde avanza. Un momento excelente para tomar asiento, quedarse a solas con uno mismo y dejar vagar la mente.

La Cueva era hembra


Las cuevas de Bajil














"LOS SATANASES DEL SEGURA" demuestran que no sólo de aventura motorizada vive el satanásico y literalmente se echan al monte.
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Dominando el Campo de San Juan se encuentran las cuevas de Bajil, espectaculares recodos labrados por el paso del tiempo y los elementos inclementes, dotadas de una soberbia vista sobre el valle.
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Nos adentramos en algunas, encontrando estrechos pasadizos por los que colarnos, arriesgadas ascensiones que efectuar mediante rudimentarias escalas artesanales (un peldaño no pudo aguantar tanta emoción y se quebró), cuerdas poco fiables...
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Un lugar de obligada visita. Y como en el chiste, el pecado no es muy grave, pero eso sí, el sitio para echar un polvo es cojonudo.

El Sancta Satanasicorum




Nos adentramos en el misterio de la mano de "LOS SATANASES DEL SEGURA", conociendo el más secreto, recóndito y exótico de sus lugares de reunión.
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La localización exacta permanece en el más estricto secreto.
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El Consejo Satanásico en pleno se reunió en el Sancta Satanasicorum, el Templo Satanásico, situado en plena naturaleza montaraz, peinado por los vientos, dotado de la herencia antigua de la estirpe de las civilizaciones agrestes del Noroeste, lugar donde ritos iniciáticos y francachelas singulares tendrán lugar ante el estupor de las piedras y los árboles que conforman el recinto.
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Los Consejeros Satanásicos, mediante una fórmula ritual secreta, se juramentan en el suelo satanásico, pisando con un pie la tierra, con otro la piedra, con medio cuerpo en la luz del sol y medio en las tinieblas de la sombra, y cumplen el rito de sostenimiento del templo, consistente en añadir una piedra a la muralla que rodea el recinto, protegidos bajo la sombra de los frondosos, sagrados y satanásicos "árboles que no son árboles".